Me inspira como a él le inspiraron sus aventuras para escribir su libro, porque es mi propia aventura.
Me inspira para escribir no un libro, sino diez – ¡qué digo, 15, al menos! – libros sobre él.
Sobre cómo su nuez sube y baja cuando debate tumbado en la cama por las noches,
Sobre cómo sonríe al ver el paisaje, las hortensias y los terneros (o al llegar a la cima de la colina que acabamos de subir),
Y cómo me hace sentir cuando decidd cada día estar a mi lado,
Sobre cómo me enseña la importancia de libertad y cómo pacientemente me escucha cuando hablo lento.


Y creedme cuando escribo que se merece más que unos cuantos simples posts en un blog de internet.

Con mis oídos, te entiendo y te oigo.
Si me quedo sorda, aprenderé a leer tus labios.
Si me quedo ciega, aprenderé a leer braile.
Es con mi corazón, con el que a ti soy capaz de escucharte.


Cualquiera que sea su nombre

Maldita seas, soñadora.

Siempre fuiste más como Sin Nombre que como Rebecca de Winter.

Qué pesada que eres. ¿Empática? No. Creyente. Crees que todo lo que tú das, algún día te será devuelto. Te dijeron que la vida no va de esperar a recibir para dar, sino que se trata de dar, para luego poder recibir.

¿O tampoco era así?

Te dijeron que se trataba de dar para sentirte bien, porque sólo los que lo dan todo alcanzan la felicidad plena.

Que la vida se trataba de eso, de hacer felices a los demás

Luego miras hacia atrás. Te dices “no es para tanto”, “en realidad te lo mereces”.

Todo el daño que has podido hacer a los demás se refleja en eso, en que lo que das jamás lo recibirás.

Porque todo lo que das ahora no es más que para evitar la culpa por todo lo que has hecho mal a lo largo de tus 23 años de vida. Para que la Señora Danvers no pueda contigo, y que tu Manderley pueda volverse cenizas. Pero que las cenizas vuelen lejos, con el viento que sopa los días de sol. Para que las nubes no se queden, y ningún ave Fénix pueda resurgir de ellas.

Que vas de impulsivo pero eres reflexión

Eres una encuesta sobre feminismo y un café para el jueves catorce, 
nervios en mi estómago.
Eres una charla de Marino y un sándwich club,
película de Almodóvar, pizza en un Vips y escritura en un parque por la noche.

Eres mi "hoy no puedo, pero quiero".
Después, la lluvia del domingo y una maleta escarlata.
Eres tu pulsera enganchada en mi pelo y las chanclas rosas de un niño en tu portal,
la lluvia y la maleta otra vez.
Eres risa y chiste, 
persistencia y besos en mi cama.
Eres "voy a verte, llego en una hora", pero eres media,
voz grave, y mucho.
Eres un semáforo en rojo y un autobús, 
una gorra y un banco.
Eres un paseo por Oviedo y un faro roto,
libros y desodorante.
Eres trece.
Eres calzoncillos grandes y un traje,
gelatina de fresa y reflexión.
Eres impulsividad y granizado de limón.

Pues esta no tiene título, ya ves.

Lo sabes cuando ves a tu madre romperse en pedacitos, llorando, sin dormir y no quiere explicarte el porqué, por el simple hecho de que eres su hija/o y no quiere que tú

[ tú como si fueras un ser venido de otro mundo que habitara una burbuja de plástico impenetrable]

sufras. 

Ver a tu madre sufrir así duele.

Desgarra tus intestinos

y te los vuelve a meter por dentro,

desde la boca y deja que saborees hasta la última gota

de tu propia sangre

mientras te desangras, 

ulcerosa, 

por dentro.  

Pero (bendito “pero”),

cuando tu madre te cuenta el porqué de sus llantos… el río vuelve a su cauce. Por fin sabes a qué le debes echar la culpa y puedes

descansar, sentarte a su lado y llorar junto a ella. 

De ellos (re-mastered)

 

ya no quema

Me las desgarra, las vísceras. Aquí, en la yema de los dedos, se despellejan… hasta caer en el pozo poseído por aquellos que, por envidia (o por amores ajenos), sufrieron como ningún otro ser podría haber sufrido.
***
¿Lo ve? Ahora sí que miran…
Miran porque hablo de ellos.

¡Corazón Maldito! ¡Corazón de Dios! Dime la razón, dime, por favor, ¿por qué eres tan débil ante las palabras de otros? ¡Malditos sentimientos! Sentimientos malditos… y, a su vez, sentimientos hermosos, sentimientos que tanta belleza esconden. Lágrimas, insignificante tristeza. Carcajadas, magnífica delicia.

* * *

Ven, acércate. Agárrame fuerte. ¿Acaso no lo notas?

¡Arráncamelos! ¡Quémalos! Que no quede resto de ellos, por si vuelven. Por favor…

HOY, CUERDAS

Me he vuelto suficientemente loca como para escuchar la Séptima Sinfonía de Beethoven (sólo por tocar un poco los cojones, sentirme superior a gente que escucha pop, gente como yo otro día cualquiera que no sea hoy).

No os preocupéis, es simplemente algo pasajero,

las ganas de escuchar buena música es algo pasajero…